sábado, diciembre 25, 2010

UNAS PALABRAS PARA COMENZAR


La mejor riqueza que poseo es ser la madre de un excelente hijo, quien con sus 14 años todos los días me enseña algo nuevo y solo por el me enfrento a la muerte. A través de Juan Ignacio aprendí que la vida es bella. El me enseño a ver la vida desde un lado muy particular, desde su inocencia y sus sueños, siempre descubro la Esperanza.

Hoy me toca afrontar talvez la situación mas difícil de mi vida… tengo cáncer de mama y es innegable el miedo que me provoca esta enfermedad, miedo a morirme, a dejarlo solo a mi hijo, a dejar de ver a mi familia, a la gente que quiero. Sin embargo esto en algún momento va ha suceder, como cualquier ser humano, que nace, se reproduce y luego muere, pero de ser así quiero que mi espíritu se conserve en mi hijo, quiero vivir en El para siempre.

Por eso quiero dejarle como aprendizaje que a la vida se la debe mirar con optimismo, juzgando y considerando su aspecto mas favorable, quiero que El vea en la muerte resurrección, en una caída inexorable la oportunidad de aprender y que sepa por sobre todo que el odio no es mas que un veneno en el alma; pero si algún día llega a sentirlo, quiero que aprenda de ese dolor porque eso lo llevara a no sentirlo mas y sobre todo a crecer.

Es difícil, pero no imposible verle el lado positivo a esta enfermedad y es en ese momento que retumban fuertemente en mi cabeza las palabras del poema de Alma Fuerte que me remiten a pensar que soy así, y así seré “Si me postran diez veces, me levanto otras diez, otras cien, otras quinientas, pues no son mis caídas tan violentas, con una obsesión casi asnal para ser fuerte. Y no me daré por vencida ni aun vencida, ni me sentiré esclava aun siendo esclava y arremeteré feroz ya mal herida”.

Esto me da la pauta de que este es el tiempo de vencer mis miedos mas profundos y de sentir realmente que nunca he estado sola, porque los tengo a Ustedes mis Amigos del Alma (Ellos se merecen un párrafo aparte, que en algún momento lo escribiré), a mi hijo, a mis hermanos y a mi misma, pero por sobre todo lo tengo a Dios que nunca me ha abandonado. Aunque muchas veces he sentido su apretón fuertementeque no era para provocarme dolor, si no para no dejarme caer, tal vez esto que me pasa sea eso, solo un zamarreo para evitarme una caída.

Quiero pensar de esta manera, para darme animo yo misma, pero es curioso siempre sentí que me habitaban dos silvinas en un mismo yo. Una es la Silvina insegura, cobarde, débil, dependiente y la otra es segura, valiente, fuerte e independiente; Y les aseguro amigos que es complicado convivir con esta ambivalencia. Pero hoy sin duda la que tiene que aflorar es la segunda Silvina, Esa es la que tiene que mostrarse sin concesiones, Esa es la que tiene que ser la protagonista absoluta. Esto es una tarea difícil, pues habrá que meterse mar adentro con una pequeña barca en medio de un oleaje embravecido. Creo que con esto expreso toda mi preocupación del momento, porque a veces resulta imposible no sentir miedo cuando se tiene cáncer.

No quiero hacer de esta enfermedad un lamento lacrimógeno (que de hecho tuve y resulto ser una catarsis sanadora), pero muchas veces me falta la fe y es ahí cuando lo veo a Jesús que sostiene mi mano y no me deja hundir en mi desesperación por sobrevivir. Y le doy Gracias porque en esos momentos difíciles, siento que El nace en mi corazón de nuevo, me viene a recordar (recordis) que significa volver a pasar por el corazón que El nació para morir por mi.

En este momento siento una voz interior que me habla y me dice que ponga en palabras lo que me sucede, porque esto puede ayudar a aliviar la pena, el miedo a otras personas que se encuentran enfermas y puedan leer este blog, que es puramente lo que siento y darles fuerzas para continuar. A esa gente les digo que es necesario la autoayuda o sea que primero tengo que ayudarme yo, para que luego pueda recibir ayuda de los demás. Esto no se logra sola, es necesario aferrarnos a alguien superior, que para mi es Dios, Jesús y Maria y dejo que Ellos hablen en mi corazón y yo los escucho para transformar sus palabras en acción, para que su palabra funcione como unión, como comunidad.

Esto sin duda me ayuda a ser como un junco flexible que se bambolea como el viento, pero no se quiebra, me ayuda a acomodarme a las circunstancias que me depara la vida. Es como dicen los navegantes “No podemos cambiar la dirección de los vientos, pero podemos acomodar las velas” y es casi imposible aquietar ese mar de emociones en los que me veo inmersa y trato de silenciar a mi mente y conectarme con mi interior… esa es la pauta, es lo que me indica el camino a seguir.

Y mi camino me indica que debo seguir sin resignación, sin culpar a los demás o a la vida por lo que me pasa, debo seguir sin sentirme victima del cáncer y de ninguna otra enfermedad. Quiero vivir porque mi vida tiene un sentido que es mi hijo que me necesita y por mi misma porque quiero ser feliz y la verdad que a mi el coraje y la pasión no me faltan, y la Fe se la pido a Dios a cada instante y así me doy cuenta que el verdadero sentido de mi vida es que “Sin Dios la Vida Seria un Error”. Hasta la próxima.